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La contabilidad subyacente en las declaraciones de renta

La contabilidad subyacente en las declaraciones

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Es una sana práctica el mantener un registro pormenorizado de las finanzas personales: cuánto ingreso devengo, en qué gasto lo que gano, cuánto me cuesta la deuda que contraigo, qué bienes poseo, etc. Los más respetados especialistas en finanzas personales nos indican que esta disciplina es un requisito sine qua non para lograr el éxito e independencia financieros.

En este sentido, desde hace mucho tiempo se desarrollaron herramientas tecnológicas para llevar estas cuentas en orden. Desde su introducción, vengo observando cómo han evolucionado estos programas. Al principio (en la década de 1990) había que contar con conocimientos de contabilidad para poder utilizarlos. Era indispensable conocer cómo funcionan las cuentas contables, qué es un débito, qué es un crédito, etc.

Las nuevas versiones de estos programas mantienen la arquitectura contable debajo de una interface que permite que la herramienta sea usada por cualquier persona, independientemente del nivel de sus conocimientos en materia contable. Si voy a registrar un cheque, por ejemplo, el sistema no me pide qué cuentas debitar o acreditar. Simplemente me pide indicar el monto del cheque (crédito a la cuenta de banco) y en qué categoría queremos guardar el desembolso correspondiente (débito a gasto o activo).

Lo mismo ha ocurrido con el sistema para preparar declaraciones de renta en Panamá.

El reglamento del impuesto sobre la renta, el Decreto Ejecutivo No. 170 de 27 de octubre de 1993 (el Decreto), contiene referencias claras a que la determinación de la renta gravable de los contribuyentes debe surgir como resultado primario de la aplicación de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF). Concretamente, el artículo 20 del Decreto – Contabilidad de ingresos y gastos – instruye al contribuyente a computar sus ingresos, costos y gastos a partir de registros contables sobre la base de las NIIF. Esto, sin perjuicio de que se apliquen los ajustes pertinentes conforme a las normas reglamentarias que tratan aspectos específicos de algunos ingresos y gastos.

Los ejemplos son muchos en cuanto a diferencias entre las disposiciones fiscales y lo preceptuado en las NIIF. Un botón de muestra: el artículo 34 del Decreto autoriza a los contribuyentes a constituir una reserva para posibles cuentas incobrables que se alimenta con en el 1% de los ingresos al crédito, excluyendo aquellas operaciones con partes relacionadas y con entidades gubernamentales. El saldo de la reserva tiene como límite el 10% de las cuentas por cobrar.

Las NIIF, por su parte, contemplan otros criterios para la determinación de las posibles cuentas incobrables que, en aras de la brevedad que exige este espacio, podríamos resumir en el concepto de “pérdidas esperadas”, es decir, las pérdidas en cuentas incobrables que con base en la experiencia, el perfil de riesgo de los clientes y otros criterios relevantes se pueda experimentar.

Claramente, el monto de las cuentas que se provisionen para efectos de la declaración de rentas va a diferir con lo que la empresa muestre en sus estados financieros con base en NIIF.

De hecho, las NIIF contemplan que ambos elementos se concilien. La Norma Internacional de Contabilidad No. 12 – Impuesto sobre la renta - nos indica los procedimientos para llevar a cabo esta conciliación.

Ahora bien, cuando observamos el desarrollo de las herramientas tecnológicas para la preparación de las declaraciones, nos percatamos de que su forma es muy similar a la de los estados financieros, solo que se utiliza un método deductivo para la determinación de la renta gravable: partiendo del total de los ingresos, se sustraen los ingresos de fuente extranjera, los ingresos exentos y los ingresos no gravables para llegar a los ingresos gravables, objeto del impuesto.

Lo mismo ocurre con los costos y gastos. Determinamos el total de los costos y gastos y de allí sustraemos los no deducibles o los que deben asignarse a rentas extranjeras o no gravables.

Sin embargo, como resultado de la experiencia en auditorías fiscales, observo que en muchas ocasiones existe una diferencia de criterio en cuanto a la forma como deben presentarse los ajustes entre las NIIF y las normas del Decreto, dando a lugar a controversias que en algunas ocasiones desembocan en litigios fiscales.

Es aquí donde concluyo que hoy día la contabilidad subyace en el formulario. La contabilidad reflejada en la declaración de rentas se ha ido apartando del resultado conforme a las NIIF, ya sea por los anexos y detalles que se exigen o por la referencia cruzada con la información suministrada para otros impuestos, como en el caso del ITBMS.

A efectos de contribuir con la transparencia entre las actuaciones del contribuyente y de los auditores fiscales, se hace necesario definir con claridad el criterio que ha de seguirse al momento de preparar las declaraciones de renta. Si las cifras que se incluyen corresponden al resultado de acuerdo a las NIIF o si deben reflejarse las cifras luego de los ajustes que las normas fiscales exigen.

Propongo una solución sencilla: la declaración de rentas debería reflejar el efecto de la aplicación de las normas legales que rigen el impuesto sobre la renta contenidas en el Código Fiscal, el Decreto reglamentario y las normas especiales aplicables en cada caso. Adicionalmente, el contribuyente debería conciliar esta información (la renta gravable) con sus registros contables basados en NIIF, en un anexo a la declaración de rentas, partiendo de la utilidad financiera y ajustándola con las diferencias (temporales o permanentes) que sean producto de las diferencias entre los principios de las NIIF y las normas fiscales.

Esto contribuirá a proveer mayor transparencia a la declaración y facilitará el proceso de fiscalización, evitando el establecimiento de alcances que requieran de largos litigios que encarecen la operación de las empresas y coagulan el trabajo de la administración tributaria.

El contenido de este artículo es responsabilidad del autor y no representa la opinión de KPMG. Publicado en el semanal de Martes Financiero, edición del 31 de enero de 2017.

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